
Ayer fue un día duro. El 23 de mayo
se celebró el famoso juicio ya aplazado por una vez. Las peticiones en nuestra
demanda eran únicamente tres:
-
Que
el uso y disfrute de la vivienda se limitara conforme a la ley valenciana.
-
Que
se compensara por la salida de la vivienda a quien no dejó ni sacar una toalla
de allí tras pagar absolutamente toda la casa y el contenido de la misma en los
últimos 15 años él solo.
-
Que
la madre no entorpeciera el régimen de visitas.
-
Como
la madre dice que las niñas corren peligro en la carretera al recorrer 30 km
con su padre, proponer el cambio de 2 días por semana a 1 noche con pernocta.
-
Que
los puentes se unan al fin de semana del progenitor que tenga a los menores.
-
Que
las decisiones sobre las menores no se tomen de forma unilateral sino que se
tomen de forma conjunta conforme a la patria potestad.
Ella tenía citados millones de
testigos y él sólo uno, el detective que demostraría que la madre tiene la
solvencia económica que dice no tener para afrontar sus gastos. Sin duda ella
había estado en la peluquería, iba maquillada y bien vestida, mal recomendación
por parte de su abogado cuando tiene un juicio en el que va a defender su
escasa solvencia económica.
Yo era uno de los testigos por parte
del abogado de ella, algo que todavía me alucina. Su única pretensión, que
además preguntó durante 4 veces en el juicio hasta que el juez tuvo que decir
que no procedía la pregunta, era saber cuánto cobro. Parece que duele muchísimo
saber que tu exmarido vive con alguien con más soltura económica de la que ella
tuvo jamás pero evidentemente yo me la he ganado a pulso, nadie me ha regalado
nada y me ha costado muchísimo llegar a donde estoy.
Como yo estaba citada por la parte
contraria, cuando se quedaba vacía una silla de su círculo, me daban ganas de
cambiarme de silla, ir a sentarme allí con la ex, la hija, la exsuegra, los
profesores, los psicólogos, el abogado que me había citado… y decirles; “hola,
yo estoy citada por vuestra parte. ¿Qué me contáis?” pero realmente era un
grupo de marujas en el que yo no pintaba lo más mínimo. Creo que nunca en la
vida podría estar con personas más opuestas a mi.
La sopresa fue que M estaba allí. La
madre la llevaba a testificar contra su padre. Es curioso cómo la utiliza
cuando le conviene. La cría estaba allí, rodeada de adultos, crecidita en ánimo
y autoestima porque la habían implicado en algo de adultos, cosa que nunca
hace, principalmente su madre. Una niña de 13 años que no sabe decidir si se
compra una camiseta u otra, si ve la tele o lee, poco puede decidir en un
entorno alienado. M no fue capaz de mirarnos a la cara ni a su padre ni a mi.
Se sentía avergonzada y mal e imagino que temerosa de los acontecimientos. A su
padre o le dio un beso pero yo me acerqué a ella, nos dimos dos besos y le dije
que me daba mucha pena de que estuviera en ese circo. Ella dijo que no. Le dije
que iba a ser muy duro y que esperaba que fuera consciente de ello. Ella dijo
que no. La abuela materna estaba a su lado y ella algo crecidita pero soy
plenamente consciente de que mis palabras le calan mucho más hondo que las de
su madre sencillamente porque sabe que nunca le miento, que siempre la apoyo
cuando lo necesita, que estoy ahí aunque no se lo diga, que la quiero y que
siempre puede contar conmigo. A su madre, sin embargo, se la tienen que ganar.
Es una lástima.
No quiero adelantar acontecimientos
pero creo que el juicio no fue mal. Quedó claro que su madre está trabajando,
no dejaron a la menor testificar aunque sí le harán exploración judicial
(desconocemos para qué aunque intuimos que por el régimen de visitas), los
puentes quedaron solucionados, la compensación por uso y disfrute de la casa
también y además el uso y disfrute se limitará a máximo 4 años (al menos así se
indicó en el juicio).
Esperamos ahora, con los dedos
cruzados… la sentencia. Ojalá por fin se haga justicia. Una madre que
únicamente quiere dinero y que le importa un pimiento el bienestar de sus hijas
deja para mi mucho que desear no sólo como madre, sino como mujer y persona.
Lo mejor de todo el día de ayer fue saber que tus mejores
amigos NUNCA te dejan solo en los momentos en los que más les necesitas. Allí
estuvieron con nosotros sin comer desde las 12:15 que empezaba el juicio hasta
las 18 que terminó. La entrada en él fue a las 16:15. Nos reimos, recordamos y
hasta el detective se lo pasó bomba. Es increíble saber que somos capaces de
reirnos incluso cuando los momentos son más duros. Resiliencia. Adaptarse o
morir. Pararse o avanzar.