Han pasado muchísimas cosas en los últimos meses. Llevaba 6
meses sin verlas y ayer se produjo el reencuentro. En estos 6 meses hemos tenido
que lidiar con muchas broncas y movidas pero finalmente hemos retomado el
camino.
Recopilo brevemente todo lo ocurrido en estos 6 meses:
- Hubo sentencia. Ha sido favorable a vuestro
padre en el sentido de que todo lo que pidió se ha concedido; ahora vuestra
madre tendrá únicamente 4 años de uso y disfrute de la vivienda y luego deberán
liquidar gananciales; ahora los puentes los pasaréis con quien estéis el fin de
semana así que podremos hacer más cosas cuando haya varios días libres.
- Supimos en la llegada de la sentencia que
finalmente tomaron declaración a M pero que su declaración no tuvo ninguna
repercusión en la sentencia porque el régimen de visitas ha cambiado a mejor.
- Este verano, debido a la espera de la sentencia,
M y A han pasado el tiempo con los abuelos paternos. Su padre ha ido a pasar
con ellas los fines de semana que no trabaja. M estaba muy acorazada, saltaba
el llanto en cualquier momento. Finalmente explotó el día en que su padre le
preguntó por qué no le había contado que había ido al juzgado. Se puso a llorar
con la abuela a decirle que el problema que tiene soy yo, nadie más. Que no le
caigo bien y que no quiere verme. Los motivos eran que soy feliz, que tengo
trabajo, que tengo carrera y que viajo. Evidentemente… compararme con su madre
le hace muchísimo daño. Yo tranquilicé a todo el entorno indicándole que M no
tiene problemas conmigo, sino con su madre… y que tiempo al tiempo. Si las
motivaciones de caerle mal fueran otras del tipo que la obligo a comer con la
boca cerrada, que tiene que recogerse su habitación o que la trato mal… me
preocuparía, pero nada de esto ocurre. Sencillamente todo lo contrario. Le
caigo mal por todo lo positivo que hay en mí. Curioso cuanto menos.
- Decidimos esperar un tiempo hasta producirse el
encuentro. Y este se produjo ayer; 6 meses hacía que no las veía.
Llegamos a casa de los abuelos sin ellos saber que yo iba en el paquete. Nada
más entrar la pequeña vino a abrazarme aunque tímida pero M se quedó rezagada. M se levantó del
sofá, me dio dos besos y entré en la cocina con la abuela mientras su padre se
quedaba con ellas. No tardé ni un minuto en escuchar a su padre preguntarle qué
le pasaba. Yo había visto sus ojos humedecerse y sabía perfectamente lo que iba
a ocurrir. Ha ocurrido tantas veces ya aunque es la primera vez que le ocurre
conmigo que estaba totalmente tranquila y serena. Di unos minutos antes de
salir de la cocina y me senté frente a ellos. Entonces M arrancó a llorar y
cruzó los brazos. Cuando me acerqué y pregunté qué pasaba me dijo que nada y
que ella se quería ir. Empezó a llorar y no era capaz de mirarme a los ojos. La
abracé y le dije que no se preocupara, que íbamos a hablar y que todo iba a
quedar solucionado. Ella me dijo que no, que no tenía nada que hablar conmigo,
que si yo estaba allí ella se iba. Así que le dije que de eso nada, que de allí
no se iba nadie y que después de hablar sería yo quien decidiera si me iba o me
quedaba. Ella negaba continuamente con la cabeza así que le dije que sabía
perfectamente lo que le estaba ocurriendo y le dije que hablaríamos y en un
rato se sentiría mejor. Ella lloraba, no podía respirar… Así que les pedí a
todos que se fueran (a su padre, a su hermana y a la abuela), la abracé en el
sofá y le dije que cuando dejara de llorar hablaríamos.
Estuvo llorando unos 15 minutos mientras permanecimos en
silencio. Ella no rechazaba mi abrazo y además me cogía de la mano. Yo sabía
que sólo era cuestión de tiempo. No había rechazo, había rabia, irá, decepción,
arrepentimiento…
A los 20 minutos le dije que subíamos a la habitación a
hablar y ella accedió. La cogí de la mano y no la solté durante casi 2 larguísimas
horas para el resto de la familia pero a mí al menos se me pasó rápidamente. Le
pregunté si empezaba yo o empezaba ella y me pidió que empezara yo.
Dos horas dan para mucho así que resumo brevemente lo que le
conté; volvimos al último día en que nos vimos; el día del juicio. Le dije que
no me gustó que estuviera allí (tal y como le dije delante de su abuela
materna), que no besara a su padre, que no fuera capaz de mirarle a la cara y
le dije que sabía que tuvo movida con la abuela por besarme a mí. Me confirmó
que la abuela le echó la bronca por haberme besado y me explicó que tuvo que
decirle a su abuela que me había besado por educación. Me contó que estuvo
yendo a la psicóloga hace un año y que la psicóloga le dijo que por educación
tenía que besar a la gente. Esta conversación ya la habíamos tenido ella y yo
en varias ocasiones porque siempre que está con la familia materna, no besa a
la familia paterna. La educación está por encima de todas las cosas pero
teniendo en cuenta que su madre el día de su comunión no besó a la abuela
paterna retirándole el beso delante de todo el mundo… me espero cualquier cosa.
Le expliqué a la niña que en ese momento demuestra tener más educación que su
entorno pero que bueno… que cada uno aprende dependiendo del entorno en el que
se mueva.
Le conté cómo me había sentido yo, cómo se había sentido su
padre, cómo habían sido estos meses… Y finalmente en su turno ella arrancó
contándome cosas que me resultaron muy pero que muy interesantes para entender
su comportamiento y su dolor.
Me explicó que cuando fue a declarar la familia de su madre
pasó semanas haciéndole preguntas sobre lo que había ocurrido en la sala del
juicio. Dice que como el juez le aseguró que de allí no saldría nada, ella no
quería contar nada. Dice que su abuela y su madre la presionaron tanto que en
una comida en la casa de los abuelos se puso a gritar a decir que estaba harta
y que si lo llega a saber NUNCA JAMÁS hubiera ido a ese juicio. Yo, pensé: “ala,
señora, ya tiene usted ahí una muestra del dolor que provoca en su hija”. M me
dijo que ella le contó al juez que le parecía genial lo de los puentes con
quien estuvieran ese finde y que no habló mal de nadie. Yo, por supuesto, no
pregunté. Me dijo que después de presionarla tanto su familia materna, su
abuela un día le dijo: “si quieres me lo cuentas y sino… no”. Así que le dije
que claro… que primero presión y luego como por ahí no traga… pues intento por
otro lado. Muy triste cómo tratan los sentimientos de esta pequeña en la
familia materna.
Me contó que su madre le dice que “ella no se tiene que
preocupar por cosas de mayores y ya está”. Yo le conté que eso no vale, que
decirle que no se preocupe no evita que no lo haga. Es como poner tiritas en
heridas que sangran y que finalmente saldrá la sangre a borbotones. Le expliqué
que las cosas que duelen se hablan.
Ella me comentó que está harta, agotada y completamente
cansada de tener que dar explicaciones a su madre de cada paso que da con
nosotros. Dice que necesita estar tranquila, que necesita que nadie la agobie.
Me volvió a contar algo que ya me ha contado en muchas ocasiones la pequeña y
es que cada vez que vuelven a casa la madre les pregunta absolutamente todo lo
que han hecho los días con nosotros. M me contaba que si no se lo cuenta todo,
absolutamente todo, luego la hermana le cuenta y la madre pasa tres días sin
hablarle. Dice que hable o no hable siempre tiene lío. Me contó que siempre que
suben a casa su hermana y ella se miran para saber quién cuenta primero porque
será quien se lleve la bronca. Me contó también que su hermana sigue mintiendo
mucho y que su madre se enciende más y más. Yo le dije que TODOS sabemos que A
miente mucho como estrategia y que su
madre no cree a A, que no se preocupe (cruzo los dedos para que así sea). Ella
decía que no lo tiene tan claro.
Le pregunté qué es lo que a su madre le sienta tan mal. Me
dijo que no soporta que no le cuente todo, que no soporta que en nuestra casa se
comporte de un modo diferente a como lo hace en casa de su madre (imagino que
por las normas, pero le expliqué que nadie actúa igual en entornos diferentes).
Me dijo que tampoco soporta cuando tiene conversaciones conmigo o con su padre
y que quiere saber absolutamente todo. Y que entonces critica todo. Y que le
cuente lo que le cuente lo critica. Y
aunque no lo cuente, la critica. Dice que luego pasan tres días sin hablarse y
que el ambiente es muy malo.
Me dijo que necesita sentirse bien en los dos entornos. Me
confirmó que con nosotros no tiene problemas y creo que es cierto, por eso revienta
siempre con nosotros. Aquí tiene confianza y se siente querida. Dice que quiere
que su madre y su padre sean felices pero que por favor la dejen en paz y no la
hagan sufrir más.
Le conté que en este caso no puedo hablar con su madre pero
que me encantaría. Le dije que por favor cambie en su diálogo lo de “estoy
harta” por “mamá me haces daño” porque estoy segura de que así sufrirá menos
puesto que entiendo que su madre cambiará su registro. Me dijo que pone mala
cara cuando tiene que venir con su padre porque tiene miedo a la vuelta, al
enfado de su madre haga lo que haga, diga lo que diga, cuente o no cuente.
Me dijo que no tiene ningún problema conmigo, que sabe que
la quiero, que se lo demuestro y que lo que sentía al ponerse a llorar era
arrepentimiento porque realmente no está mal conmigo, sino con lo que le está
ocurriendo. Me contó que se sentía terriblemente desgraciada de pensar que por
su actitud y sus comentarios su padre y yo podíamos no estar juntos.
Al salir de allí los abuelos dijeron que parecía otra niña,
que parecía como que se le había relajado la cara, el espíritu. Dicen que no la
habían visto tan bien desde antes del juicio. Dicen que hago magia con ellas y
que no se lo explican.
¿Magia? Más bien saco ese dolor que otros meten. Le conté
que JAMÁS le perdonaré a su madre el daño que les ha hecho y que les hace pero
que, en este caso, la respuesta está en ella únicamente. Debe decirle a su
madre el dolor que le provoca. Es la única forma que se me ocurre de calmar su
dolor. Y, por supuesto, estar ahí… aunque me cueste muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuucho tener que seguir luchando por niñas que sufren por la poca capacidad de los adultos.