viernes, 16 de agosto de 2013

El terror - la vuelta a casa

Ayer fuimos a recogeros para la vuelta a casa con vuestra madre. La abuela dice que ya M se levantó mal, con mala cara y nada alegre. Luego se le pasó... pero la vuelta ya le empezaba a afectar.
 
Pasamos la tarde genial y cuando llegamos a vuestra casa y subimos los escalones con la maleta para tocar el timbre, se abrió la puerta del ascensor. Vuestra madre apareció por ella y pudimos ver cómo el terror invadía vuestras caras. Se hizo el silencio. A nos miraba a unos y a otros sin saber qué hacer o qué decir. M sencillamente bajaba la cabeza y no miraba a ninguna parte.
 
Es triste, muy triste que cada retorno sea sí. No he dejado de pensar en vosotras en todo el día porque imagino que anoche vivisteis un infierno en casa.
 
Sólo espero que M haya podido cambiar el discurso a su madre y en lugar de pedirle que se calle diciendo que "estoy harta" haya podido decir por fin "me haces daño"
 
El destino únicamente sabe lo que nos depara.

lunes, 12 de agosto de 2013

El reencuentro

Han pasado muchísimas cosas en los últimos meses. Llevaba 6 meses sin verlas y ayer se produjo el reencuentro. En estos 6 meses hemos tenido que lidiar con muchas broncas y movidas pero finalmente hemos retomado el camino.

Recopilo brevemente todo lo ocurrido en estos 6 meses:

-         Hubo sentencia. Ha sido favorable a vuestro padre en el sentido de que todo lo que pidió se ha concedido; ahora vuestra madre tendrá únicamente 4 años de uso y disfrute de la vivienda y luego deberán liquidar gananciales; ahora los puentes los pasaréis con quien estéis el fin de semana así que podremos hacer más cosas cuando haya varios días libres.

-      Supimos en la llegada de la sentencia que finalmente tomaron declaración a M pero que su declaración no tuvo ninguna repercusión en la sentencia porque el régimen de visitas ha cambiado a mejor.

-        Este verano, debido a la espera de la sentencia, M y A han pasado el tiempo con los abuelos paternos. Su padre ha ido a pasar con ellas los fines de semana que no trabaja. M estaba muy acorazada, saltaba el llanto en cualquier momento. Finalmente explotó el día en que su padre le preguntó por qué no le había contado que había ido al juzgado. Se puso a llorar con la abuela a decirle que el problema que tiene soy yo, nadie más. Que no le caigo bien y que no quiere verme. Los motivos eran que soy feliz, que tengo trabajo, que tengo carrera y que viajo. Evidentemente… compararme con su madre le hace muchísimo daño. Yo tranquilicé a todo el entorno indicándole que M no tiene problemas conmigo, sino con su madre… y que tiempo al tiempo. Si las motivaciones de caerle mal fueran otras del tipo que la obligo a comer con la boca cerrada, que tiene que recogerse su habitación o que la trato mal… me preocuparía, pero nada de esto ocurre. Sencillamente todo lo contrario. Le caigo mal por todo lo positivo que hay en mí. Curioso cuanto menos.

-       Decidimos esperar un tiempo hasta producirse el encuentro. Y este se produjo ayer; 6 meses hacía que no las veía.

Llegamos a casa de los abuelos sin ellos saber que yo iba en el paquete. Nada más entrar la pequeña vino a abrazarme aunque tímida pero M se quedó rezagada. M se levantó del sofá, me dio dos besos y entré en la cocina con la abuela mientras su padre se quedaba con ellas. No tardé ni un minuto en escuchar a su padre preguntarle qué le pasaba. Yo había visto sus ojos humedecerse y sabía perfectamente lo que iba a ocurrir. Ha ocurrido tantas veces ya aunque es la primera vez que le ocurre conmigo que estaba totalmente tranquila y serena. Di unos minutos antes de salir de la cocina y me senté frente a ellos. Entonces M arrancó a llorar y cruzó los brazos. Cuando me acerqué y pregunté qué pasaba me dijo que nada y que ella se quería ir. Empezó a llorar y no era capaz de mirarme a los ojos. La abracé y le dije que no se preocupara, que íbamos a hablar y que todo iba a quedar solucionado. Ella me dijo que no, que no tenía nada que hablar conmigo, que si yo estaba allí ella se iba. Así que le dije que de eso nada, que de allí no se iba nadie y que después de hablar sería yo quien decidiera si me iba o me quedaba. Ella negaba continuamente con la cabeza así que le dije que sabía perfectamente lo que le estaba ocurriendo y le dije que hablaríamos y en un rato se sentiría mejor. Ella lloraba, no podía respirar… Así que les pedí a todos que se fueran (a su padre, a su hermana y a la abuela), la abracé en el sofá y le dije que cuando dejara de llorar hablaríamos.

Estuvo llorando unos 15 minutos mientras permanecimos en silencio. Ella no rechazaba mi abrazo y además me cogía de la mano. Yo sabía que sólo era cuestión de tiempo. No había rechazo, había rabia, irá, decepción, arrepentimiento…

A los 20 minutos le dije que subíamos a la habitación a hablar y ella accedió. La cogí de la mano y no la solté durante casi 2 larguísimas horas para el resto de la familia pero a mí al menos se me pasó rápidamente. Le pregunté si empezaba yo o empezaba ella y me pidió que empezara yo.

Dos horas dan para mucho así que resumo brevemente lo que le conté; volvimos al último día en que nos vimos; el día del juicio. Le dije que no me gustó que estuviera allí (tal y como le dije delante de su abuela materna), que no besara a su padre, que no fuera capaz de mirarle a la cara y le dije que sabía que tuvo movida con la abuela por besarme a mí. Me confirmó que la abuela le echó la bronca por haberme besado y me explicó que tuvo que decirle a su abuela que me había besado por educación. Me contó que estuvo yendo a la psicóloga hace un año y que la psicóloga le dijo que por educación tenía que besar a la gente. Esta conversación ya la habíamos tenido ella y yo en varias ocasiones porque siempre que está con la familia materna, no besa a la familia paterna. La educación está por encima de todas las cosas pero teniendo en cuenta que su madre el día de su comunión no besó a la abuela paterna retirándole el beso delante de todo el mundo… me espero cualquier cosa. Le expliqué a la niña que en ese momento demuestra tener más educación que su entorno pero que bueno… que cada uno aprende dependiendo del entorno en el que se mueva.

Le conté cómo me había sentido yo, cómo se había sentido su padre, cómo habían sido estos meses… Y finalmente en su turno ella arrancó contándome cosas que me resultaron muy pero que muy interesantes para entender su comportamiento y su dolor.

Me explicó que cuando fue a declarar la familia de su madre pasó semanas haciéndole preguntas sobre lo que había ocurrido en la sala del juicio. Dice que como el juez le aseguró que de allí no saldría nada, ella no quería contar nada. Dice que su abuela y su madre la presionaron tanto que en una comida en la casa de los abuelos se puso a gritar a decir que estaba harta y que si lo llega a saber NUNCA JAMÁS hubiera ido a ese juicio. Yo, pensé: “ala, señora, ya tiene usted ahí una muestra del dolor que provoca en su hija”. M me dijo que ella le contó al juez que le parecía genial lo de los puentes con quien estuvieran ese finde y que no habló mal de nadie. Yo, por supuesto, no pregunté. Me dijo que después de presionarla tanto su familia materna, su abuela un día le dijo: “si quieres me lo cuentas y sino… no”. Así que le dije que claro… que primero presión y luego como por ahí no traga… pues intento por otro lado. Muy triste cómo tratan los sentimientos de esta pequeña en la familia materna.

Me contó que su madre le dice que “ella no se tiene que preocupar por cosas de mayores y ya está”. Yo le conté que eso no vale, que decirle que no se preocupe no evita que no lo haga. Es como poner tiritas en heridas que sangran y que finalmente saldrá la sangre a borbotones. Le expliqué que las cosas que duelen se hablan.

Ella me comentó que está harta, agotada y completamente cansada de tener que dar explicaciones a su madre de cada paso que da con nosotros. Dice que necesita estar tranquila, que necesita que nadie la agobie. Me volvió a contar algo que ya me ha contado en muchas ocasiones la pequeña y es que cada vez que vuelven a casa la madre les pregunta absolutamente todo lo que han hecho los días con nosotros. M me contaba que si no se lo cuenta todo, absolutamente todo, luego la hermana le cuenta y la madre pasa tres días sin hablarle. Dice que hable o no hable siempre tiene lío. Me contó que siempre que suben a casa su hermana y ella se miran para saber quién cuenta primero porque será quien se lleve la bronca. Me contó también que su hermana sigue mintiendo mucho y que su madre se enciende más y más. Yo le dije que TODOS sabemos que A miente mucho como estrategia  y que su madre no cree a A, que no se preocupe (cruzo los dedos para que así sea). Ella decía que no lo tiene tan claro.

Le pregunté qué es lo que a su madre le sienta tan mal. Me dijo que no soporta que no le cuente todo, que no soporta que en nuestra casa se comporte de un modo diferente a como lo hace en casa de su madre (imagino que por las normas, pero le expliqué que nadie actúa igual en entornos diferentes). Me dijo que tampoco soporta cuando tiene conversaciones conmigo o con su padre y que quiere saber absolutamente todo. Y que entonces critica todo. Y que le cuente lo que le cuente lo critica.  Y aunque no lo cuente, la critica. Dice que luego pasan tres días sin hablarse y que el ambiente es muy malo.

Me dijo que necesita sentirse bien en los dos entornos. Me confirmó que con nosotros no tiene problemas y creo que es cierto, por eso revienta siempre con nosotros. Aquí tiene confianza y se siente querida. Dice que quiere que su madre y su padre sean felices pero que por favor la dejen en paz y no la hagan sufrir más.

Le conté que en este caso no puedo hablar con su madre pero que me encantaría. Le dije que por favor cambie en su diálogo lo de “estoy harta” por “mamá me haces daño” porque estoy segura de que así sufrirá menos puesto que entiendo que su madre cambiará su registro. Me dijo que pone mala cara cuando tiene que venir con su padre porque tiene miedo a la vuelta, al enfado de su madre haga lo que haga, diga lo que diga, cuente o no cuente.

Me dijo que no tiene ningún problema conmigo, que sabe que la quiero, que se lo demuestro y que lo que sentía al ponerse a llorar era arrepentimiento porque realmente no está mal conmigo, sino con lo que le está ocurriendo. Me contó que se sentía terriblemente desgraciada de pensar que por su actitud y sus comentarios su padre y yo podíamos no estar juntos.

Al salir de allí los abuelos dijeron que parecía otra niña, que parecía como que se le había relajado la cara, el espíritu. Dicen que no la habían visto tan bien desde antes del juicio. Dicen que hago magia con ellas y que no se lo explican.

¿Magia? Más bien saco ese dolor que otros meten. Le conté que JAMÁS le perdonaré a su madre el daño que les ha hecho y que les hace pero que, en este caso, la respuesta está en ella únicamente. Debe decirle a su madre el dolor que le provoca. Es la única forma que se me ocurre de calmar su dolor. Y, por supuesto, estar ahí… aunque me cueste muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuucho tener que seguir luchando por niñas que sufren por la poca capacidad de los adultos.