Este fin de semana ha vuelto a ocurrir. M llevaba toda la semana nerviosa porque unas compañeras del instituto hacían una fiesta en un chalé con piscina y su madre no la dejaba ir. De hecho, su amiga C que quería ir con ella, no podía asistir tras hablar la madre de C con la madre de M.
Como a M le tocaba el finde con nosotros, su padre le dijo que no había ningún problema en ir a la fiesta pero que volvería a dormir a casa. El motivo no es otro que poder pasar algo de tiempo del finde con M, puesto que si la recogemos el viernes, pasa el sábado fuera, duerme fuera y se vuelve el domingo por la tarde, pues no le vemos el pelo.
M nos dijo que su madre no la dejaba ir a la fiesta. No tuvimos claro por qué. Ella no lo comentó y nosotros respetamos que no lo contara. Nos dijo que quizás porque había piscina y no había adultos en los alrededores podía ser una causa.
El viernes J, amiga de M, se quedó a dormir en casa puesto que tenían clase de teatro terapia el viernes por la tarde. Se animaron a asistir a las clases que ofrece gratuitas el ayuntamiento y que el año pasado pagamos para M y le fueron muy bien. Su crecimiento personal y su autoestima se vieron muy fortalecidos. Ahora M acude en compañía de J.
El viernes por la noche no me dejaban acostarme. M y J querían hablar conmigo, contarme cosas, pedirme opinión sobre otras... Y como teníamos dos preadolescentes de 11 años allí, tuvimos que esperar a que se acostaran para poder charlar. Hablamos de chicos, primeros rolletes, primeras borracheras... y nos reímos un rato.
El sábado acudimos con ellas al chalé para conocer a la familia que lo prestaba. Estaba lleno de adolescentes en bañador mojados y esperando a M y J. Llegábamos casi a la hora de comer, la hora que M y J nos indicaron. J se quedaría a dormir pero a M la recogeríamos a las 22 horas.
A media tarde M empezó a mandar mensajes preguntando por qué no se podía quedar a dormir. Indicamos los motivos y notábamos como el ambiente se iba caldeando hasta que escuchamos lo de "mi madre dice que me deja quedarme". De nuevo volvieron los momentos pasados en los que la madre decidía el horario de vuelta a casa aún cuando no estaban con ella, algo que todavía no llegamos a entender.
A, la hermana pequeña, decía que era imposible que su madre la dejara puesto que toda la semana le había dicho que ni siquiera podía ir. Nosotros no íbamos a entrar en la guerra... "este finde estás con nosotros y te recogemos. Cuando estés con tu madre, vuelves a quedar con tus amigos y sigues sus instrucciones de quedarte o no quedarte conforme te indique".
M lo intentó hasta el último minuto. Incluso al llegar a recogerla subió la madre de la chica que dejaba el chalé (no había adultos con ellos pero esta señora se estuvo pasando todo el día para controlar la situación) para pedirnos que se quedara. Le contamos que M es hija de padres separados, que queríamos estar con ella y la mujer palideció. Nos pidió disculpas porque ella había pasado por lo mismo y entendía perfectamente que quisiéramos estar con M. Las instrucciones fueron claras desde el principio, M volvería a casa a dormir.
M subió al coche enfadada. No victoriosa. Le explicamos que no todos tienen la suerte de tener unos padres que les recogen porque quieren estar con ellos. Le explicamos que tiene todo el veranos para quedar con sus amigos y que si su madre la deja... perfecto. Mordí la lengua para no decirle... "cachondo que te llama tu madre para preguntarte si tu padre te deja a dormir y cuando dices que no, entonces ella te dice lo malo que es, ¿verdad? De momento se le olvida que ella no la dejaba ir". Ocurrió lo mismo cuando M se tintó una mecha roja... al principio parecía "cualquier cosa" y luego ya le sentaba bien. Muy triste.
Y hoy he leído un artículo que viene al pelo para todo lo que M y A viven en casa. Lo relata tal cual. Parece que, en realidad... viven una relación tóxica en la que el adulto se prioriza a los menores. Esto es algo muy difícil de entender para nosotros pero parece que no es tan poco común.
Echad un vistazo a este enlace. Describe perfectamente lo que las madres tóxicas realizan con sus hijos.
Lamentable... pero real como la vida misma.
