viernes, 14 de diciembre de 2012

Mamá no me quiere

Ayer fue duro. Muy duro. Llegué a casa y le comenté a A que teníamos una conversación pendiente. Su padre ya había hablado con ella sobre sus reiteradas mentiras y lo que gana con ellas. Le dije que terminara los deberes y hablaríamos. Me buscó rápidamente al terminar los deberes y empezó la charla. Lo primero que le dejé claro es que fuera la última vez que pusiera en mi boca cosas que yo no he dicho, que jamás de los jamases nadie dijo de borrar a su madre de ningún árbol genealógico y que se pensara muy mucho todo lo que arriesgaba con tantas mentiras. Le pregunté por qué lo hacía, por qué seguía diciendo mentiras y, con ojos llorosos, volvió a decir que no tenía claro que su madre la quisiera. Volvió a comentar que su madre habla tan mal de nosotros que se siente mal por querernos y que además cuando le cuenta las cosas que hace con nosotras la madre se enfada y ella siente que la defrauda continuamente y que no la quiere.
Empezamos a buscar dónde está el origen del problema y podemos partir de que ninguna madre que se precie es capaz de poner en duda su título de madre (tal y como lo hizo su madre al llamarnos por teléfono, convertida en una energúmena fuera de sí, indicando que “le estaba quitando el puesto” en un árbol genealógico). Este simple hecho le transmite a su hija una inseguridad terrible. ¿Y si su madre tiene razón? ¿Y si le quitan el título de madre? ¿Qué sentirá ella entonces?
Repasamos los puntos por lo que, poniéndome en su lugar, sentimos que su madre no le demuestra un amor incondicional:
1.       Madre insegura que llama gritando indicando que le quitan el puesto de madre = la niña percibe que su madre puede dejar de serlo.  
2.       Madre que no la corrige cuando habla mal = la niña percibe que no se preocupa por su educación
3.       Madre que no la corrige cuando come con la boca abierta = la niña percibe que no se preocupa por sus modales
4.       Madre que habla continuamente mal de su ex y de mi = la niña percibe que quiere a alguien a quien su madre no quiere y por querernos, su madre no la querrá a ella.
5.       Madre que le dice cuando no recoge sus juguetes que la tiene de criada y que a mí no me desordena mi casa = la niña percibe que su madre compara continuamente con desidia.
6.       Madre que no es capaz de transmitirle el amor a su hija = la niña siente un apego inseguro
7.       Madre que culpa al resto su divorcio por no asimilar que su divorcio se debe a que su marido era infeliz con ella = niña percibe que las responsabilidades siempre son de otros
8.       Madre que dice que su hija es mentirosa igual que su padre = niña percibe que tiene el título de “mentirosa” y no tiene que decir mentiras.
9.       Madre que se prioriza a si misma y a sus sentimientos (criticando, hablando, maldiciendo) que a los de su hija = niña percibe que no es lo más importante.
La verdad es que me encanta ser tan importante como para estar siempre en la boca de su madre. Es muy curioso además, tal y como le comenté a la cría, que yo a su madre no la necesito absolutamente para nada pero su madre no se puede permitir el lujo, como hace, de tratar mal a la persona que la mantiene (su ex) y a la persona con la que sus hijas tienen que vivir de forma alterna (yo). Si yo estuviera en su situación sin duda alguna trataría de llevarme bien con la persona que tuviera que atender a mis hijas porque, sin duda alguna, son ellas las que tienen todas las de perder.
Repasamos también qué gana con las mentiras. A me comentó que cuando miente a su madre su madre se enfada con nosotros pero no siente que la quiera más a ella y nosotros nos enfadamos con ella. Le comenté que si diciendo mentiras su madre le demostrara amor, yo le diría que siempre le dijera mentiras si eso la hace feliz, pero que por desgracia ni siquiera eso hace que su madre se de cuenta de todo lo que está haciendo. Le volví a comentar  que su madre la quiere incondicionalmente aunque realmente no sabe cómo demostrárselo. Manda narices que tenga yo que estar haciendo esta labor cuando la susodicha se pasa la vida criticándome pero por supuesto tengo más educación y más clase que ella.
Las conclusiones que sacamos fueron sencillas; ella quiere que su madre sea como yo, que la haga sentir especial como yo, que la haga sentir importante como yo. En mi casa sin duda tiene más normas, más disciplina pero también más seguridad. Los niños necesitan diques que su madre no está sabiendo construir. Mi misión en esta relación es que la cría consiga establecer relaciones de apego seguras pero me es indiferente que sea conmigo que con otras personas. Sin duda, con su madre hay un gran trabajo por delante. Me duele terriblemente que estén sentando las bases de una relación insegura entre ellas pero no se puede hablar con esta mujer.
Le pregunté a la niña en qué podemos ayudarla. Le comenté que si hace falta me planto delante de su madre y le cuento el daño que le está haciendo. Ella siente que para mí ella es muy importante y que haría cualquier cosa para que ella se siente bien. Le comenté que jamás nos compare porque jamás su madre será como yo ni yo como ella. Tenemos pretensiones diferentes para ella en el futuro y siempre la trataremos de forma diferente: yo la quiero independiente, fuerte, resolutiva, segura, madura, luchadora y capaz y su madre genera un apego inseguro con ella y le enseña a decir mentir, a que un 6 en el cole es una buena nota, no la corrige en su educación porque delega todo en la escuela… Jamás de los jamases seremos iguales. Jamás de los jamases debe compararnos.
Y luego llegó el momento de las consecuencias. A partir de ahora y durante dos semanas me convierto en “la mujer de papá”. Se acabó tratarla como una hija, se acabaron los mimos, se acabó calentarle la cama por la noche, hacerle sus bocatas favoritos o atender si se siente bien o mal. ¡Que lo haga su madre! Le he dicho que todo lo que hago por ella requiere esfuerzo y sacrificio y que de momento no voy a hacer ni un solo esfuerzo más. Quizás así sea consciente de lo que pierde o de lo que es ser, sencillamente, la mujer de papá. Nos hemos dado un plazo, 31 de diciembre… aunque ayer ya me pedía ayudarla a no decir mentiras.
Otra cosa que me sorprende muchísimo es que la madre le ha dicho a la cría y a mi marido, “que la niña ya tiene claro que la quiere y que no tiene que repetírselo más”. Una relación construida de este modo no se arregla con un te quiero ni con una conversación. En mi casa, todas las cosas se hablan a diario hasta que dejan de doler, que es exactamente en el momento en que se superan. Es muy curioso cómo su cara, su postura, sus manos… se relajan cuando hablamos con ella de este tema y es capaz de desahogarse.
Sea como fuere… estoy tranquila porque la cría tiene un apego seguro conmigo. Y durante dos semanas no voy a pensar en cómo ayudarla a relacionarse como su madre… Uffff, qué tranquilidad.
 
PD. la peque traía un regalito del cole; un plato de Navidad con polvorones del que sólo nos tocaban 3 nueces. Su padre se las recogió encantado pero yo le dije que si fuera yo su padre, las nueces se las iba a comer ella. Le expliqué que desde hace 4 años su padre todavía no ha recibido ni uno de los regalos del cole y que quizás, él también se sienta como se siente ella con su madre, que no lo quiere. Cuando uno no da, no recibe.  Le cambió la cara... no se había dado cuenta de que a su padre nunca le regala nada. Evidentemente, con él tiene un apego seguro y no necesita los regalos para que la quiera.

jueves, 6 de diciembre de 2012

El árbol genealógico

Ayer por la tarde comentábamos cómo mi sobrina tenía inquietud en cómo meter a toda la familia dentro de un árbol genealógico y estuvimos comentando con A cómo quedaba el árbol genealógico cuando las familias se separaban. Le comentamos que no hay que quitar a papá o a mamá sino ponerles a ambos y en la línea que les une se pone una cruz indicando que la relación está rota. Luego le comentamos que se añade a derecha o izquierda las parejas de papá o mamá porque son parientes colaterales. 

Volvimos a preguntarle por su intención de no decir mentiras a mamá tras la movida del otro día y ella no quiere hablar del tema. En casa, todo tema del que no se quiere hablar, es porque duele y hay que trabajarlo. Los temas de los que no se habla con naturalidad es porque no están superados. Volvimos a preguntar por qué no hablaba con su madre del tema y dijo que ya estaba claro. Le pregunté si lo habían vuelto a hablar y me dijo que no. Le comenté que no hablar las cosas no significa que están claras y le pregunté si ya tenía bien claro que el amor de su madre es incondicional. En ese momento los ojos se le llenan de lágrimas y me dice que no, que no lo tiene claro. Así que empezamos de nuevo la charlita de que el amor de una madre es incondicional, que su madre aunque hable mal de nosotros la quiere, que aunque ella nos quiera y su madre no nos quiera no significa que todos tengamos que querer a las mismas personas... bla, bla, bla... 

Poco después, cuando volvieron a casa, llama la madre fuera de sí misma para decirnos que A le había contado que nosotros hemos dicho que ella ya no es su madre y que me voy a poner yo en su lugar. Mi marido ha intentado explicarle lo que ha ocurrido pero ella le ha colgado el teléfono. La hemos llamado y no ha cogido el teléfono. 

Es triste, muy triste porque la niña sufrirá muchísimo la próxima vez que tenga que enfrentarse a nosotros sabiendo que ha mentido. Es triste, muy triste que la madre tenga esa terrible inseguridad en si mismas. Es triste, muy triste que su madre haya dado conmigo, en lugar de con una persona que no soporte a sus hijas y les haga la vida imposible. Me pregunto cómo hubiera sido en este caso. 

Pero lo que más triste me parece de todo es que la madre, siendo consciente porque su hija se lo ha dicho, (que le miente porque tiene miedo de que la deje de querer si le dice que nos quiere), monte un cirio espectacular poniendo en evidencia ante sus hijas su inseguridad como madre. Es triste, muy triste, que la gente no se forme para ejercer la paternidad. Otro gallo cantaría. Qué triste va a ser el próximo encuentro con estas niñas. 


La incondicionalidad de mamá

Abrí la puerta y entraba M cargada con sus mochilas del cole, de del voley y de ropa. Me dio un beso y pasó para dentro. Detrás entraba A con una cara un tanto raro. Se la noté nada más abrir la puerta pero salía yo en esos momentos así que le di un beso y salí pero apenas iba a tardar unos minutos en volver. 

Unos minutos después entro en casa y A estaba en el salón con su padre haciendo los deberes. Le pregunto qué le pasa y me dice que nada. Le vuelvo a preguntar qué le pasa y me dice que nada. Estaba borde, ruda... algo extraño en ella. Muy extraño. Sabía que algo pasaba. Me pregunté si su madre habría recibido ya la solicitud de modificación de medidas con las pruebas del detective en la que demostraremos que está trabajando y además, enriqueciéndose a través de su ex. Volví a preguntar a la niña hasta que estalló. Se puso a llorar... algo bueno. Necesitaba dejar salir ese dolor fuera el que fuera. Empezó a contarme que se había peleado con la vecina. Cuando terminó su historia le dije que eso no era lo que le pasaba y que me contará qué le preocupaba. Y entonces dijo: "¿y si no lo quiero contar?" Fue entonces cuando confirmé que algo ocurría. Le insistí y seguía llorando. Es que no lo quiero contar -me repetía. Le insistí. Debía sacar todo aquello que le preocupaba y que le hacía estar arisca con nosotros. 

No tardó mucho en derrumbarse más y más. No quería hablar delante de su padre por el terrible conflicto de lealtades en el que se ve sumergida en estos momentos. Su padre salió del salón y ella empezó a hablar. El problema residía en que su madre estaba enfadada con ella porque había descubierto que le mentía. 

A es muy mentirosa. A nosotros nos miente en cosas muy absurdas como que ella no ha escrito una nota, que el corazón rojo de la pared con su nombre dentro no lo ha escrito ella, etc, etc... pero a su madre le miente en cosas mucho más serias. Mentir es un hábito en el que hay que profundizar para saber qué ocurre. La cría me contó que había desordenado el salón de su casa y que su madre entró y le dijo "Seguro que esto a ella no se lo haces. Seguro que en casa de tu padre no les desordenas nada y a mi me tienes como una chacha". La cría estaba destrozada. En casa desordena, ¡claro! como todos los críos... pero la diferencia es que su padre y yo hacemos que recoja sus cosas antes de hacer cualquier otra actividad. No ve la tele ni hace los deberes si no se ha hecho la cama; tiene que recoger su habitación para poder salir a la calle... y así sucesivamente. La diferencia es que nosotros JAMÁS nos comparamos con lo que pueda hacer en casa con su madre; allí tienen la vida que su madre y ellas han decidido tener y a nosotros no nos importa. Lo único que nos importa es cómo estén aquí y con nosotros. 

Parece ser que al meterse en la cama la madre volvió a preguntarle si me quería a mi. Y la niña se puso a llorar a decirme que tiene que decirle a su madre una y otra vez que no nos quiere, que la tratamos mal, que no la ayudamos con los deberes, que se lo pasa mal cuando está con nosotros... "Es que mi madre siempre está hablando mal de vosotros y si yo le digo que os quiero o que estoy bien con vosotros mi madre va a dejar de quererme". Blanca, me quedé blanca. Esto es algo que le lleva mi marido comentando a su madre durante más de un año. La madre, sin embargo, cree a la niña en lugar de darse cuenta de que miente. Y esto hace cada día la pelota más y más grande. 

La niña se abrazó a mi a decirme que ella me quiere mucho pero que no se lo puede decir a su madre. Yo le dije que no tiene por qué hablarle a su madre de nosotras, que ella puede quererme y no tiene que sentirse culpable por hacerlo. No le pude decir que su madre gestiona muy pero que muy mal las cosas y que la culpa de todo su dolor la tiene ella, por no gestionar bien las emociones de su hija y forzarla a decirle mentiras continuamente. Me puse en la piel de la cría y me sentí terriblemente mal. ¿Qué se siente cuando vives pensando que tu madre no te quiere de forma incondicional? Le dije que íbamos a contarle todo a papá y que luego íbamos a llamar a mamá para preguntarle si la quería, porque yo estaba segura de que su madre, hiciera lo que hiciera, siempre la querría. Fue entonces cuando ella me dijo que no, que no llamáramos a su madre, que ellas ya lo habían aclarado y que su madre la había pillado mintiendo y que le tuvo que decir que me quería. 

La verdad es que fue una situación bastante dura. Es muy duro para un hijo saber que tus padres se separaron y vivir pensando que tu madre cualquier día se puede separar de ti. Es muy duro no poder hablar con tu madre de cómo te sientes, tener que mentirle para que te quiera (aunque en casa le reforzamos que su madre y todos nosotros la querremos siempre de forma incondicional) y encima ver que la madre, en lugar de creer al padre cuando le cuenta los problemas que tiene su hija, sencillamente la crea a ella. 

Creo que su madre no es consciente de que está creando una relación con su hija basada en la mentira. Creo que su madre es tan insegura que tiene que preguntarle a su hija si me quiere porque piensa que queriéndome a mi la querrá menos a ella. No entiendo cómo una madre puede dudar de ser  madre. No entiendo cómo esa mujer es tan insegura. No entiendo cómo puede transmitir tanto dolor a sus hijas y quedarse tranquila. ¿Dormirá bien por las noches? ¿Realmente creerá que lo que hace está bien? ¿Abrirá los ojos algún día? ¿Será tarde?

Hoy sólo me pregunto qué ocurrirá en la adolescencia cuando las mentiras ya forman parte de la relación madre-hija. Espero que alguien o algo le abra los ojos y ayude a sus hijas a ser las mejores versiones de sí mismas. 

Es curioso pero la cría no tiene miedo con nosotros, no duda de nuestra incondicionalidad. Es cierto que nos da exactamente lo mismo lo que ocurra en su casa con su madre y que las dejamos hablar abiertamente sobre lo que hacen con ella, sin juzgar, sin criticar... y reforzando si ella dice que las ha castigado o reforzando que una madre no deja de querer a un hijo aunque confieso que yo, como adulta, me cuesta creer cómo una madre no es consciente del dolor que están viviendo sus retoñas. Quizás su posición de víctima deje de existir si deja de criticarnos. Quizás crea que el amor de sus hijas hacia nosotros dependerá de cuánto hable mal de nosotros. Lo desconozco... Muchas veces intento entenderla pero soy incapaz.