Ayer fue duro. Muy duro. Llegué a casa y le comenté a A que
teníamos una conversación pendiente. Su padre ya había hablado con ella sobre
sus reiteradas mentiras y lo que gana con ellas. Le dije que terminara los
deberes y hablaríamos. Me buscó rápidamente al terminar los deberes y empezó la
charla. Lo primero que le dejé claro es que fuera la última vez que pusiera en
mi boca cosas que yo no he dicho, que jamás de los jamases nadie dijo de borrar
a su madre de ningún árbol genealógico y que se pensara muy mucho todo lo que
arriesgaba con tantas mentiras. Le pregunté por qué lo hacía, por qué seguía
diciendo mentiras y, con ojos llorosos, volvió a decir que no tenía claro que su
madre la quisiera. Volvió a comentar que su madre habla tan mal de nosotros que
se siente mal por querernos y que además cuando le cuenta las cosas que hace
con nosotras la madre se enfada y ella siente que la defrauda continuamente y
que no la quiere.
Empezamos a buscar dónde está el origen del problema y
podemos partir de que ninguna madre que se precie es capaz de poner en duda su
título de madre (tal y como lo hizo su madre al llamarnos por teléfono,
convertida en una energúmena fuera de sí, indicando que “le estaba quitando el
puesto” en un árbol genealógico). Este simple hecho le transmite a su hija una
inseguridad terrible. ¿Y si su madre tiene razón? ¿Y si le quitan el título de
madre? ¿Qué sentirá ella entonces?
Repasamos los puntos por lo que, poniéndome en su lugar,
sentimos que su madre no le demuestra un amor incondicional:
1.
Madre
insegura que llama gritando indicando que le quitan el puesto de madre = la
niña percibe que su madre puede dejar de serlo.
2.
Madre
que no la corrige cuando habla mal = la niña percibe que no se preocupa por su
educación
3.
Madre
que no la corrige cuando come con la boca abierta = la niña percibe que no se
preocupa por sus modales
4.
Madre
que habla continuamente mal de su ex y de mi = la niña percibe que quiere a
alguien a quien su madre no quiere y por querernos, su madre no la querrá a
ella.
5.
Madre
que le dice cuando no recoge sus juguetes que la tiene de criada y que a mí no
me desordena mi casa = la niña percibe que su madre compara continuamente con
desidia.
6.
Madre
que no es capaz de transmitirle el amor a su hija = la niña siente un apego
inseguro
7.
Madre
que culpa al resto su divorcio por no asimilar que su divorcio se debe a que su
marido era infeliz con ella = niña percibe que las responsabilidades siempre
son de otros
8.
Madre
que dice que su hija es mentirosa igual que su padre = niña percibe que tiene
el título de “mentirosa” y no tiene que decir mentiras.
9.
Madre
que se prioriza a si misma y a sus sentimientos (criticando, hablando,
maldiciendo) que a los de su hija = niña percibe que no es lo más importante.
Repasamos
también qué gana con las mentiras. A me comentó que cuando miente a su madre su
madre se enfada con nosotros pero no siente que la quiera más a ella y nosotros
nos enfadamos con ella. Le comenté que si diciendo mentiras su madre le
demostrara amor, yo le diría que siempre le dijera mentiras si eso la hace
feliz, pero que por desgracia ni siquiera eso hace que su madre se de cuenta de
todo lo que está haciendo. Le volví a comentar que su madre la quiere incondicionalmente aunque
realmente no sabe cómo demostrárselo. Manda narices que tenga yo que estar
haciendo esta labor cuando la susodicha se pasa la vida criticándome pero por
supuesto tengo más educación y más clase que ella.
Las
conclusiones que sacamos fueron sencillas; ella quiere que su madre sea como
yo, que la haga sentir especial como yo, que la haga sentir importante como yo.
En mi casa sin duda tiene más normas, más disciplina pero también más seguridad.
Los niños necesitan diques que su madre no está sabiendo construir. Mi misión
en esta relación es que la cría consiga establecer relaciones de apego seguras
pero me es indiferente que sea conmigo que con otras personas. Sin duda, con su
madre hay un gran trabajo por delante. Me duele terriblemente que estén
sentando las bases de una relación insegura entre ellas pero no se puede hablar
con esta mujer.
Le
pregunté a la niña en qué podemos ayudarla. Le comenté que si hace falta me
planto delante de su madre y le cuento el daño que le está haciendo. Ella
siente que para mí ella es muy importante y que haría cualquier cosa para que
ella se siente bien. Le comenté que jamás nos compare porque jamás su madre
será como yo ni yo como ella. Tenemos pretensiones diferentes para ella en el
futuro y siempre la trataremos de forma diferente: yo la quiero independiente,
fuerte, resolutiva, segura, madura, luchadora y capaz y su madre genera un
apego inseguro con ella y le enseña a decir mentir, a que un 6 en el cole es
una buena nota, no la corrige en su educación porque delega todo en la escuela…
Jamás de los jamases seremos iguales. Jamás de los jamases debe compararnos.
Y
luego llegó el momento de las consecuencias. A partir de ahora y durante dos
semanas me convierto en “la mujer de papá”. Se acabó tratarla como una hija, se
acabaron los mimos, se acabó calentarle la cama por la noche, hacerle sus
bocatas favoritos o atender si se siente bien o mal. ¡Que lo haga su madre! Le
he dicho que todo lo que hago por ella requiere esfuerzo y sacrificio y que de
momento no voy a hacer ni un solo esfuerzo más. Quizás así sea consciente de lo
que pierde o de lo que es ser, sencillamente, la mujer de papá. Nos hemos dado
un plazo, 31 de diciembre… aunque ayer ya me pedía ayudarla a no decir
mentiras.
Otra
cosa que me sorprende muchísimo es que la madre le ha dicho a la cría y a mi
marido, “que la niña ya tiene claro que la quiere y que no tiene que
repetírselo más”. Una relación construida de este modo no se arregla con un te
quiero ni con una conversación. En mi casa, todas las cosas se hablan a diario
hasta que dejan de doler, que es exactamente en el momento en que se superan.
Es muy curioso cómo su cara, su postura, sus manos… se relajan cuando hablamos
con ella de este tema y es capaz de desahogarse.
Sea
como fuere… estoy tranquila porque la cría tiene un apego seguro conmigo. Y
durante dos semanas no voy a pensar en cómo ayudarla a relacionarse como su
madre… Uffff, qué tranquilidad.
PD. la peque traía un regalito del cole; un plato de Navidad con polvorones del que sólo nos tocaban 3 nueces. Su padre se las recogió encantado pero yo le dije que si fuera yo su padre, las nueces se las iba a comer ella. Le expliqué que desde hace 4 años su padre todavía no ha recibido ni uno de los regalos del cole y que quizás, él también se sienta como se siente ella con su madre, que no lo quiere. Cuando uno no da, no recibe. Le cambió la cara... no se había dado cuenta de que a su padre nunca le regala nada. Evidentemente, con él tiene un apego seguro y no necesita los regalos para que la quiera.

