Han pasado muchas cosas en los últimos meses pero apenas he tenido tiempo de escribirlas. Voy a intentar resumirlas brevemente porque sé que en un tiempo todo marchará viento en popa y no nos acordaremos de lo que hoy sufrimos.
Hoy contaré el día de M y el tren.
M ha pasado una época muy buena. Sólo hemos tenido una bronca importante y fue el fin de semana en que le tocaba con nosotros y nos pidió acudir al centro comercial a celebrar el cumpleaños de unos amigos. Como era mucho viaje y la economía de su padre no está muy bien que digamos, su padre decidió que la acompañaba en tren y que a la vuelta hiciera el mismo trayecto ella con un amigo de la pandilla. Tiene 12 años, casi 13, por lo que sin ningún problema la normativa del tren le permite utilizarlo sola. Ese fin de semana, además, aprovechando que A tenía partido de voleyball y no venía con nosotros hasta el sábado por la tarde, hicimos esas cosas de mayores que nunca se pueden hacer al tener siempre a una peque cerca. Pues bien... llega el sábado, M se marcha con su padre tan contenta en el tren (tras ponerse bien guapa) y quedaron que a las 20:20 cogía el tren de vuelta a casa. Al llegar al destino, la madre le esperaba con la pequeña para que la recogiera. Debe ser que la madre tenía mejores planes para sí misma. Mi marido y A llegaron a casa, pasamos la tarde muy bien pero se hizo la hora en que M tenía que estar de vuelta. Y no volvía. Se había dejado el móvil en casa así que empezamos a llamar a los amigos. Ninguno cogía el móvil... las 21, las 21.30... y el reloj pasaba. Finalmente conseguimos hablar con sus amigos y resultó que la madre de la criatura se había personado en la fiesta para indicarle a su hija que desobedeciera las normas de su padre, que ella ya la traería a casa cuando así lo considerara. Por supuesto que todo esto sin avisar a su padre, en régimen de quien están ese fin de semana. Cuando se descubrió el pastel mi marido se fue a poner una denuncia (por entrometerse en el régimen de visitas que no le corresponde) y la pequeña se quedó desconsolada en casa ante la magnitud de la historia. M llegaba a las 22 horas, de la mano de su victoriosa madre. Imagino que el día en que M decida tener una pareja, su madre les acompañará a la cama. Y es que hay madres para todo...
Me encantaría explicarle a esta señora los peligros de la sobreprotección que, como no se los puedo explicar en persona, los explicaré aquí brevemente para que, si algún día M y A leen estas palabras, sepan que todos esos síntomas que en su madurez les preocupen, serán debidos a la crianza que tuvieron.
Debo hacer hincapié en que tras una excesiva sobreprotección hay un padre o una madre que pretende reforzar su propia autoestima, que pretende compensar una privación anterior, aliviar su culpa de una mala gestión de la maternidad, llenar un vacío interior, alienar contra el otro progenitor y un largo etc en el que esta señora está bien reflejada.
Y ahora... si pensamos en las peques que son quienes realmente me preocupan, diría que temo realmente por ellas porque los niños que crecen en hogares donde los padres ejercen su papel sobreprotector viven con una carga de ansiedad, culpa y dependencia que puede incapacitarles emocionalmente. Debido a que otros siempre gestionaron su timón, serán incapaces de hacerlo solos en su edad adulta.
Si en lugar de apoyar al niño, sugerirle y guiarle para que aprenda por sí mismo, le imponemos, vigilamos y le damos todo solucionado, lejos de ayudarle a crecer, el niño tendrá un escaso desarrollo de sus habilidades y adoptará una postura de pasividad y comodidad, ya que interiorizará que sus padres, de los que tendrá una gran dependencia, siempre están dispuestos a ayudarlo. Su autoestima será baja y tendrá poca seguridad en sí mismo, creyéndose incapaz de resolver sus dificultades. Le costará mucho tolerar frustraciones, posponer las gratificaciones y no sabrá valorar lo que tiene.
Rehuirá los problemas en vez de tratar de enfrentarse a ellos y no sabrá cargar con las consecuencias de sus propios actos... En resumen, será una persona inmadura y débil que podrá dejarse llevar con más facilidad por las malas amistades o por el ambiente que le rodea.
Y por desgracia... estas pequeñas ya reúnen muchas de estas actitudes. Desde nuestro lado, lucharemos incansablemente para que aprendan a gestionar sus emociones.