M está hecha toda una mujercita. Por fin, después de mucho tiempo, es capaz de pensar por sí misma y poner en tela de juicio las opiniones de los demás. Algo que me encanta. Por fin vemos como su autoestima crece.
M nos cuenta que ante los ataques de su madre hacia nosotros tiene dos opciones; o callar o contestar. Parece que cuando calla, otorga (y no hay repercusión) pero que cuando contesta la madre pierde los nervios y empieza a decirle que está de nuestra parte. Parece que en esta vida tiene que haber dos bandos, el bando de la madre y el bando del padre. Veo que M empieza a estar un poco cansada de esto.
M ya ha probado sus primeras bebidas, ha cogido su primera borrachera, se ha enrollado con un chico, ha fumado en cachimba y tabaco... y todo esto por supuestísimo sin conocimiento de su madre. Ahora se acercan las fiestas de Finestrat y a pesar de que no tienen barraca todavía (a apenas una semana de la fiesta) pues tiene miedo de que estando su madre cerca, pase más de una semana sin hablarle por enterarse de que ha bebido alcohol.
Y yo me pregunto... ¿cómo puede estar una madre sin hablarle a sus hijas con las que vive una semana? ¡Por un enfado! Pero bueno... eso es algo que pienso yo y que no voy a compartir con las niñas.
M y A siguen teniendo miedo de compartir cualquier sentimiento con su madre. No quieren que se enfade. No sé de dónde viene ese miedo atroz a que su madre se enfade. Imagino que viene de hace ya 6 años, cuando sus padres se separaron. Imagino que si se enfadaba con ellas cuando tenían 9 y 5 años, algo quedó grabado en sus cerebros. Ahora la palabra que más repiten es "mamá no te enfades". Yo no recuerdo ni una sola vez en la que pronunciara esa palabra.
M es más extrovertida y nos cuenta miles de aventuras adolescentes. Me encanta. Ahora quiere hacerse un segundo piercing en la oreja. Ya lleva una rasta. Quiere tintarse el pelo de rojo. Sigue siendo muy miedosa a cualquier cosa nueva... pero ahora, al menos lo intenta.
M y A me dijeron el otro día que quieren hacer puenting... cualquier día les doy una sorpresa. Me gusta cuando vemos pasar los días y son más como nosotros; menos quejas, más risas, menos crítica, más hablar de emociones, menos victimismo, más alegría. ME GUSTA.

