viernes, 14 de agosto de 2015

El verano

Estamos pasando un verano fantástico. Algo ha cambiado. No sé muy bien qué pero algo ha cambiado. Llevamos 14 días sin quejas, sin críticas, sin culpar a nadie... Y se nota que el nivel de energía sube como la espuma. 

Estos días hemos pasado un tiempo con la familia, hemos hecho surf, hemos acudido a clases de arte y estamos terminando unas super camisetas. A y M han dado su primer biberón a los mellizos de mi amiga y están super felices. 

Estos días hemos hablado de miles de cosas, cada noche agradecemos las cosas buenas que nos han pasado ese día y además nos contamos las cosas por las que nos sentimos orgullosos. 

Este año A viene con la autoestima muy pero que muy tocada. Está costando bastante remontarla y tenemos un poco de miedo de saber cómo volverá el próximo día. Hace unos días se puso a llorar en la mesa porque dice que se siente fatal. Nos comenta que no hay nada en su armario de casa de su madre que sea suyo. Le explicamos que todo lo que hay en su armario es suyo pero que nos cuente cuál es el problema de verdad. Nos dice que es como si abriera el armario de su hermana de hace 4 años; ropa de la hermana, de la vecina... de bla bla bla. Dice que además de que la ropa no le gusta, no le sienta bien. Intentamos darle recursos; que se la pruebe, que lo que no le siente bien o no le guste lo saque del armario... y que  por supuesto se lo cuente a mamá. Ahí ya la cara les cambia a las dos y dicen... ¡si hombre! Estará una semana sin hablarnos. Nos quedamos mudos. Intentamos explicarles que es importante que se sientan bien y que si no le cuentan a su madre que no se sienten bien, pues que es difícil que las pueda ayudar. Nos dicen que se quieren ir de compras juntas porque su madre no tiene su estilo ni su gusto. Que no les gusta que les compre ropa y que quieren ir ellas solas. Así que decidimos irnos de compras. Encontramos muuuuchas cosas y A ni podía dormir esa noche de la emoción. Le brillaban los ojos... Feliz... aunque todavía ni la ha estrenado, jajaaj. 

Anoche A tuvo otro episodio. Llegaba yo bastante tarde del trabajo y por tercera o cuarta vez en el día se le había caído algo. Llegué y le vi los ojos húmedos, me abrazó y se puso a llorar. Le expliqué que no pasa nada porque se le caigan las cosas y me contó que quiere que vayamos al fin de curso del año que viene (para el que todavía falta un año) pero que sabe que su madre montará un espectáculo. Otra vez la misma historia. Le explicamos que nosotros podemos ir a donde ella quiera o necesite pero que quizás debería contarle a su madre cómo la hace sentir. Entonces empezó a decir que se pasa el día hablando mal de nosotros, que a ella le duele mucho pero que si no participa pues le dice que está de nuestra parte y que si calla le dice que claro, que ahora no le interesa hablar. Nos contó también que cuando decidió dejar la música (algo que nosotros veíamos claro desde hace mucho tiempo) su madre le dijo que le habíamos comido la cabeza y que ahora que quiere dejar la religión lo mismo. Parece que su madre no la ve capaz de tomar decisiones por si misma. Es curioso, aquí no le decimos nunca a nadie lo que debe o no debe hacer... pero sí se les deja tiempo para reflexionar sobre lo que ellas sí quieren o les gusta. 

Cuando vuelvan a casa dentro de 2 días, volverán a una casa diferente. Su madre se ha mudado. Intentó mudarse a una casa en la que tenían que compartir habitación pero ellas se negaron (¡con un sólo escritorio quería que compartiéramos y no cabíamos ni una! -nos decían). Nosotros no juzgamos, sencillamente les decimos las cosas buenas y no tan buenas de compartir. Nos gusta que ellas saquen sus propias conclusiones, no que vean el mundo a través de nuestros ojos. Ayer nos contaban que la mudanza está hecha pero que a M no le gusta su habitación y su madre no quiere cambiarla y que la habitación de A la han colocado al contrario de lo que ella quería, pero que luego si no le gusta que ella se lo cambie. A veces me pregunto si esta madre no se da cuenta de lo importantes que son algunas cosas para sus pequeñas. 

M y A han decidido hablar con su madre a la vuelta. Tienen miedo, mucho miedo de sus enfados y repercusión. Dicen que van a decirle que no quieren volver a escuchar hablar mal de nosotros y que les gustaría hacer valer su opinión sobre las cosas. 

Ya veremos qué ocurre... buena suerte, chicas. 

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