Es increíble cómo después de la guerra llega la paz. M está feliz como una perdiz y A super risueña. Llevan dos pegatinas verdes en sus proyectos que les acercan cada día más a su regalo de fin de vacaciones. Hoy M se ha levantado silenciosa y tras decirle “hola cariño buenos días, ¿qué tal estás?” Su primera palabra del día ha sido MAL. Así que le he dicho “pi pi pi… pegatina roja hoy. No se puede uno levantar quejándose”. A ha puesto cara de… ¡dios! ¡Una pegatina roja! Peligro total… A ver qué tal acaba el día. Si no hay más queja… será sencillamente pegatina amarilla lo que implica que tendrá que tener dos pegatinas amarillas para tener una verde. Un día más de trabajo.
M lleva muy bien lo de no quejarse. Somos conscientes de que le cuesta y mucho pero bueno, lo lleva bien. A también se siente orgullosa de no mancharse en la mesa ni de manchar todo a su alrededor. Las pegatinas hacen milagros. Ayer venían las dos felices de la escuela deportiva y decían que era muy fuerte que una niña comía con la boca abierta. Sorprendida les dije: “¿síii? ¿en serio? ¿come como vosotras con la boca abierta y os habéis dado cuenta? ¿y además os molesta? ¡Esto es un super paso adelante!” Volvimos a comentar que es una pena que cuando se vuelven con su madre vayan atrás a pasos agigantados. Es muy curioso. Dice A que es que su madre no sabe o no se da cuenta de que hay que comer con la boca cerrada y que tampoco se da cuenta de que hay que corregir “estijeras” por “tijeras” o “abuja” por “aguja”. A mí me sigue costando entender cómo niñas tan mayores tienen este tipo de descuidos sociales o educativos.
Sin embargo… seguimos sin juzgar a esa persona, su madre, que las retrasa cada vez que avanzan. Quiero creer que no se da cuenta, que no es consciente de la realidad, que sigue tan ofuscada en sacarle dinero a su ex que no se fija en sus hijas que es lo que debería ser prioritario en su vida. Es triste que no dedique su tiempo y sus recursos a formarse ella y a ayudar a sus hijas a ser la mejor versión de sí mismas.
M levanta los hombros en dos días. No ha vuelto a decir “que no es perfecta” ni se ha quedado. Ha ayudado en las tareas y se ha levantado sin protestar. Han pasado un día entero sin ver la tele y otro día creando… eso que se le da tan sumamente bien.
A se corrige automáticamente cuando dice “me se ha caído”. Intenta todo el día gustarnos y es terriblemente mimosa. El cuánto te quiero y el cuánto te echo de menos está en su boca a diario. Dice que ella quiere estar con su padre y con su madre y que ella además avanza más porque está más tiempo con nosotros (es sorprendente que ellas mismas lo reconozcan aunque entiendo perfectamente que el trabajo con su madre será justamente el inverso).
Su madre les ha mandado un mensaje (con muchas faltas de ortografía por cierto así que no volveré a juzgar su capacidad de enseñanza) para decirles que el día del cumpleaños de su padre se van a pasar tres días a un apartamento. Mientras ellas preguntan entusiasmadas cuál será el regalo sorpresa para papá su madre se encarga de que no recuerden el día de su cumpleaños. les encantan nuestras fiestas y siempre me preguntan entusiasmadas qué toca esta año. Sin embargo, esta vez voy a actuar de forma diferente a los anteriores. M el año pasado, de hecho, ni felicitó a su padre. Esta vez no voy a compartir con ellas lo que le espera a su padre sencillamente porque les importa un pimiento. Sin embargo, nosotros, el día del cumple de su madre cuando han estado en casa, las hemos dejado irse a celebrarlo con ella. Nuestra sobrina, sin embargo… está entusiasmada con las sorpresas que a su tío le puedan deparar.
Hay clases y clases de personas. Al final uno recibe lo que da. A ver si por fin esa madre consigue la felicidad que merece y se dedica a hacer otras cosas que no sean el mal para su ex y, principalmente, para sus hijas.

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