El viernes acudió su padre a recogerlas tal y como estaba
previsto. Recogió a A del cole y acudió al domicilio familiar a recoger a M y
las maletas. Una vez allí se montó el espectáculo. M empezó a decirle que tenía
que ir al dentista así que su padre le dijo que él la llevaba. Entonces M dijo
que no, que no quería ir con él, que la presiona, que además es como un niño y
regala trozos de papel (muy duro debió parecerle quedarse sin regalo y no sabe
todavía cómo expresarlo), que no quiere decirle las notas porque le toca
estudiar más si suspende (y eso que yo creo que su padre es bien flojito con
esto porque yo sería muuuucho más dura), que cuando está con él siente mucha
presión (y consecuentemente subida de autoestima pero ella todavía no lo sabe),
que le había dolido mucho saber que había hecho daño a la familia de su padre
por no cogerle el teléfono el día del cumpleaños (algo de lo que únicamente es
responsable ella), que no había atendido a su tía favorita y que nosotros le
habíamos dicho que le había hecho daño (sí, evidentemente, así es), bla, bla,
bla… Su padre le contó que sí, que hace daño continuamente a la gente (principalmente
a él) y que tiene dos opciones; cerrar los ojos o enfrentarse a lo que ella
solita provoca; que evidentemente no es
normal que no tenga amigos y los espanta porque no asume sus responsabilidades;
que evidentemente si suspende ALGUIEN tendrá que ponerse duro al respecto
porque sino ella no hace absolutamente nada porque es más fácil NO hacer nada;
bla, bla, bla… No sólo hubo movida con la hija, sino también con la madre que,
POR PRIMERA VEZ EN CUATRO AÑOS, le dijo a su hija que debía ir con su padre.
Algo está cambiando… ¿será el juicio del otro día?
Cuando llegué a casa A estaba llorando y hablando con su
padre. De ella salieron cosas que yo alucinaba en colores y que, evidentemente,
eran palabras de su madre. La peque dijo que no le había hecho un mejor regalo
a su padre porque ella no tiene dinero (la primera vez en la vida que nombra
dinero para un regalo) así que tuvimos que explicarle que no quería un regalo
con dinero, sino con amor y cariño como todos los dibujos y regalos que nos
hace en casa. Nos sorprendió que nombrara el dinero. También dijo que estaba
recibiendo clases de inglés pero que no se lo había dicho a su padre para que
no se enfada. Le preguntamos si alguna vez su padre se había enfadado y dijo
que no (¿alguien me explica entonces por qué no lo cuenta? Es una estrategia
última de la madre para acumular tickets porque la cría tiene muuuuchos más
problemas en otros puntos en los que no tiene refuerzo). Dijo que “ella quería
ser igual que todos los niños y que si tenía dislexia que ella no quería
tenerla”. Acabose. No quiero ni pensar lo que esta niña está escuchando en casa
de su madre. Y vuelta perico al torno… Le explicamos que no sabemos si tiene
dislexia o qué problema tiene, le dijimos que tenemos dos opciones; no hacer
nada y que siga sin saber leer o buscar cuál es el origen del problema. Le
explicamos que lo fácil es no hacer nada (me dejo el capítulo escuela para otro
día que también tela marinera) pero que se lucha por ella. Le dijimos que por
favor indicara si quiere o no que hagamos algo. Ella dijo que sí, que por
favor, que quería que hiciéramos algo.
Un drama… un drama cada día que pasan sus abuelos una
temporada en casa o que la madre se remueve por el motivo que sea. Un drama de
mamá que, sin duda, no es consciente del daño que está generando en sus hijas.

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