Hoy estoy, sencillamente, alucinada. Después de 12 días con nosotros ¡12 santos días! y 8 días en la escuela deportiva (lástima que sólo os quede uno) M se ha levantado sin rechistar de la cama. Sonó su despertador, ese que hasta hoy paraba y seguía durmiendo, se levantó de la cama, me preguntó si se podía meter en la ducha (que siempre le digo que es el mejor anti-sueño), se duchó, se recogió el baño, se vistió, hicimos juntas la cama (este paso todavía cuesta un poco) y la he dejado peinándose cuando me he venido al trabajo. Parece que la charlita de ayer sobre lo importante que es que coja las riendas de su vida le funcionó. A ver cuánto dura porque en cuanto vuelvan con su madre… todo el trabajo se va a tomar por saco.
A ha sido hoy un poco más perezosa aunque no suele costarle nunca madrugar. Sus ojos estaban hoy mejor (que los tiene un poco rojos y estos días se la levantado con mucha legaña) y se ha levantado un poco adormilada. Normal… anoche serían las 22.45 cuando se metió en la cama y a las 7 el despertador no perdona. ¡Es lo que tiene trabajar! Hoy sí que estaba un poco coqueta. Ayer me contó un secreto que me dijo que no quería que se lo contara a nadie. Le gusta un peque de 9 años de le escuela de verano que hoy comió en la misma mesa del comedor que ella. Le dije que su secreto estaba a salvo conmigo y que sólo ella lo contaría a quien quisiera. Por la noche nos lo contó a todos a la hora de la cena. Así que hoy quería estar bien guapa y se ha cambiado de ropa dos veces, jajaja. ¡Es lo que tiene ser mujer!
Tengo que dedicar una entrada a la autoestima cuando tu madre la destruye para hacerte dependiente.
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